Lecciones

Parece mentira que la vida se base en lecciones, lecciones que a veces no queremos aprender y que otras aprendemos por pura casualidad, depende de lo receptivos que estemos en ese momento. Hay días que queremos matar a todo el mundo y otros que les sonríes a todos.

Cada persona aprende cosas distintas, cada persona decide si quiere aprender o solo se limita estar.

Yo, soy de esas que aprende, cada día, y no hablo del aprendizaje que te enseñan en los libros de texto, hablo del aprendizaje que te enseña la vida, ese que muchos se pierden al cerrar los ojos y cerrarse en su mundo.

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Yo he aprendido a no abandonar, nunca, ni siquiera dejarlo cuando no tengas ganas ni de vivir. He aprendido que cuando un amigo tiene un día malo tienes que ser el mejor payaso de circo para hacerle reír y que, cuando consigues hacerle reír te sientes la persona más gratificante del mundo. A luchar, a luchar por lo que es mío, por lo que es suyo y por lo que es de todos. A sonreír incluso cuando lloras por dentro. He aprendido a triunfar sin eliminar a los demás de mi camino, a ayudar sin perjudicar a otros, y no siempre es fácil. A llorar con el que llora y reír con el que ríe. He aprendido que si no eres constante no ganas nada, pero que si insistes, puedes perderlo todo.

He aprendido a disfrutar de los pequeños momentos, esos en los que nadie se fija. A tender la mano al de al lado incluso cuando ni le conoces, a sobrevivir a esta sociedad que, a veces, es una mierda. He aprendido a valorar lo que tengo y a echar de menos lo que perdí.  Que el karma pone a cada uno en su lugar y que no vale la pena juntarse con aquella gente que crees tóxica. Que la música es el mejor aliado para evadirse de todo y que las noches pueden ser muy largas si tu mente no te deja en paz. He aprendido que nunca se esta solo, porque siempre hay alguien que daría la vida por ti. A querer a mi manera. A soñar con los ojos abiertos. A no darse nunca por vencida. A dar cada paso junto a los tuyos. He aprendido a compartir lo que es mío y que le pertenece a todos. A saber en que momento parar y poner límites. A quedarme horas y horas observando la gente que pasa por la calle. A pensar. He aprendido a que un “te quiero” se puede decir sin que salga del corazón y que las palabras pueden llegar a doler más que las armas. A que las sonrisas no siempre son sinceras. He aprendido que no perteneces a nadie, y que nadie te pertenece a ti. Que los bienes materiales no sirven para nada y una mirada lo es todo. He aprendido a ver con el corazón en vez de por los ojos y que no todo se basa en matemáticas, que siempre hay algo de magia.

He aprendido a vivir.

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