Vivimos en un mundo de mierda.

 

– ¡Buenos días, chicos! ¿Habéis hecho las redacciones? Bueno como ya sabéis hoy teníais que entregar una redacción, de cómo veis vosotros el mundo en el que vivimos. Antes de entregarla leeremos un par de ellas, ¿Algún voluntario?

 

Todos los niños levantan la mano, entusiasmados porque sea su redacción, entusiasmados por contar mil historias y por tener a gente que les escuche. Mientras que todos gritan al unísono “yos” incansables, la profesora decide al azar:

-Carlos y Celia, hoy leeréis vosotros, los demás, tranquilos, que habrán más redacciones.

 

Sale Celia a la pizarra, y orgullosa de su redacción empieza a leer.

 

EL MUNDO

“El mundo en el que vivo es muy grande, he viajado 7 veces y aún así no he salido del país, así que ya podéis imaginaros lo grande que es. Tiene árboles, parques, fincas y casas, como la mía, las casa se encuentran rodeadas de casas y los árboles rodeados de árboles. FIN. “

 

La clase aplaude, algunos ríen y otros simplemente pasan del tema. Esta vez quien se levanta es Carlos, muy serio empieza a leer su redacción.

 

 

VIVIMOS EN UN MUNDO DE MIERDA

 

“ Vivimos en un mundo de mierda, donde los pobres son más pobres y los ricos más ricos. Donde una persona no es capaz de ayudar a otra, ¿sabéis? Dios no enseña eso, tenemos que ayudar a la gente, tenemos que ser todos iguales. Vivimos en un mundo de mierda donde no aceptamos a refugiados en nuestras casas y dejamos morir a niños inocentes, y de esto somos todos culpables, culpables por verlo y no hacer nada al respecto, culpables por sumarnos a la indiferencia, culpables por no ayudar. Vivimos en un mundo de mierda en el que antes queremos fastidiar al de al lado, en un mundo en el que nos alegramos de los fallos de nuestros compañeros, vivimos en un mundo de mierda, en el que la humanidad se está perdiendo. En un mundo en el que ir a contracorriente es ser buena persona, en el que está mal visto levantarse para dejar el asiento a una persona mayor en el metro, en un mundo en el que hay guerras donde mueren más inocentes que culpables, en un mundo en el que niños mueren de hambre diariamente. Vivimos en un mundo de mierda, en el que no existe humanidad, y todo lo que hay, es mierda.”

 

Uno a uno, sus compañeros empezaron a aplaudir, y en ese momento Carlos pensó que él ya había empezado a cambiar el mundo, aunque solo sea la perspectiva de ver el mundo de sus compañeros.  

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