IMPERFECTOS

Se para. Nunca lo había hecho en frente de un espejo, tenía miedo. ¿Y si no se gustaba? Aún con la vista agachada estuvo a punto de abandonar, de no mirarse y seguir como siempre, pero ella no era de tirar la toalla tan fácilmente. Poco a poco empezó a subir la cabeza, hasta verse reflejada en aquel bello espejo.

Sonrió, no era tan malo como esperaba, y no estaba pensando en el físico, por primera vez en el espejo, vio reflejada su alma. Lo bueno y lo malo, cada imperfección que hacía que se viese aún más perfecta.  El alma, tan pequeña y a la vez con gran capacidad, almacenando recuerdos, viajando por cada uno de ellos, sintiendo la sensación del momento y sonriendo al recordarlos.

Y ahora analiza el físico, cada centímetro de su cuerpo, cada imperfección, cada complejo, de pelo liso y ojos negros deja de sonreír. Y piensa que el alma está mejor que el cuerpo, cosa que hace que se le escape alguna que otra lagrimilla. Vuelve a bajar la cabeza, y observando sus pies desnudos sonríe.

 

“Eres la mujer de mi vida”- se dijo a si misma mirándose al espejo.

 

 

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