No me imagino una vida sin ti.

  • Víctor… Tenemos que hablar.
  • ¿Qué pasa?
  • No se como decírtelo…
  • Vas a cortar conmigo ¿verdad?
  • No… No se… Bueno tu escucha…- Ya con los ojos empapados empezó a narrar el discurso que tanto había ensayado delante del espejo.
  • Me voy, me voy a estudiar fuera, a Luxemburgo, no puedo desaprovechar esta oportunidad, se que estaremos muy distanciados, pero eso no tiene el porque cambiar las cosas, entiéndelo. Se que es delicado pero es bueno para mi carrera… Aunque…
  • ¿Y para nosotros? ¿También es bueno? Ya lo sabia todo el campus, ¿Verdad? Has acudido a mí el último, ¿No te importo nada?- Se le escapó una lágrima que recorría su mejilla derecha lentamente.
  • No, Víctor escúchame, si tu me dices…
  • ¡No quiero escucharte! Vete a Luxemburgo, pero vete ya.

 

Unknown-8Amelia no pudo contener las lágrimas, cerró la puerta, suspiró hondo y emprendió su camino, tenia que hacer las maletas, y tenía la sensación de que a aquel chico no le importaba nada.

 

  • Y… Eso es lo que pasó
  • Tío, eres tonto, más que tonto, eres gilipollas, si le hubieras dicho que se quedara lo habría hecho, pero siempre pensando en ti mismo… ¿Nunca aprendes?
  • I tú, ¿Cómo lo sabes?
  • ¡Porque lo dijo tío!, tu opinión es la más importante para ella, solo bastaba un quédate conmigo o por lo menos, haberla escuchado.

 

El autobús rumbo al aeropuerto estaba a punto de salir, Amelia iba la última en la cola, y entonces la vio.

  • ¡Amelia!
  • ¿Víctor?
  • ¡Tengo prisa!- la conductora de autobús estaba cada v
    ez más enfadada.

 

Cloc, cloc – volvió a sonar el claxon del autobús.

 

  • ¡Se acabó!- La conductora cerró la puerta.

Víctor le agarró el brazo, haciendo así que la chica callera sobre su pecho y consiguiendo que el autobús marchara sin ella.

 

  • ¿Eres tonto? Voy a perder el vuelo.
  • Tienes razón, soy tonto, pero no puedes irte, no me puedes dejar solo en este mundo, sin tu sonrisa, sin las reconciliaciones después de una gran pelea, sin las noches en vela Unknown-8esperando tu mensaje, sin perderme en tus azules ojos o sin contar los lunares de tu espalda. No me imagino mi vida sin esa chica que me trae el café todas las mañanas, sin tus te quieros de mediodía y también los de la noche, sin tus tonterías y cuando te enfadas de mentira. No puedo Amelia, no me imagino una vida sin ti.

 

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